Gobierno Provisorio de la Restauración
Dios, Patria y Libertad. Santiago, 26 de enero de 1864,
República Dominicana. Sección de Guerra, Nº 212.
Señor General D. Benito Monción
Monte Cristi
Señor:
En una circular anterior del mes de octubre próximo pasado, esta superioridad hizo a Ud. algunas observaciones sobre el género de guerra que en su concepto produciría, en la presente lucha en que estamos comprometidos con las tropas españolas, los mejores resultados. La experiencia de los acontecimientos, desde entonces acá, en nuestros diferentes ejércitos de operaciones, ha probado la exactitud con que se hicieron y lo indispensable que es tener presentes aquellas indicaciones, por cuyas razones se reiteran a Ud. en la forma siguiente:
- En la lucha actual y en las operaciones militares emprendidas, se necesita usar de la mayor prudencia, observando siempre con la mayor precaución y astucia para no dejarse sorprender, igualando así la superioridad del enemigo en número, disciplina y recursos.
- Nuestras operaciones deberán limitarse a no arriesgar jamás un encuentro general; ni exponer tampoco a la fortuna caprichosa de un combate la suerte de la República; tirar pronto, mucho y bien, hostilizar al enemigo día y noche; interceptarles sus bagajes, sus comunicaciones, y cortarles el agua cada vez que se pueda, son puntos cardinales, que deben tenerse presentes como el credo.
- Agobiarlo con guerrillas ambulantes, racionadas por dos, tres o más días, que tengan unidad de acción a su frente, por su flanco y a retaguardia, no dejándole descansar ni de día ni de noche, para que no sean dueños más que del terreno que pisan, no dejándolos jamás sorprender ni envolver por mangas, y sorprendiéndolos siempre que se pueda, son reglas de las que jamás deberá Ud. apartarse.
- Nuestra tropa deberá, siempre que pueda, pelear abrigada por los montes y por el terreno y hacer uso del arma blanca, toda vez que vea la seguridad de abrirle al enemigo un boquete para meterse dentro y acabar con él; no deberemos por ningún concepto presentarle un frente por pequeño que sea, en razón de que, siendo las tropas españolas disciplinadas y generalmente superiores en número, cada vez que se trate de que la victoria dependa de evoluciones militares, nos llevarían la ventaja y seríamos derrotados.
- No debemos nunca, nunca dejarnos sorprender y sorprenderlos siempre que se pueda y aunque sea a un solo hombre.
- No dejarlo dormir ni de día ni de noche, para que las enfermedades hagan en ellos más estragos que nuestras armas; este servicio lo deben hacer sólo pequeños grupos de los nuestros, y que el resto descanse y duerma.
- Si el enemigo repliega, averígüese bien, si es una retirada falsa, que es una estratagema muy común en la guerra; si no lo es sígasele en la retirada y destaquen en guerrillas ambulantes que le hostilicen por todos lados; si avanzan hágaseles caer en emboscadas y acribíllese a todo trance con guerrillas, como se ha dicho arriba, en una palabra, hágasele a todo trance y en toda la extensión de la palabra, la guerra de manigua y de un enemigo invisible.
- Cumplidas estas reglas con escrupulosidad, mientras más se separe el enemigo de su base de operaciones, peor será para él; si intentase internarse en el país, más perdido estará.
- Organice Ud., dondequiera que esté situado, un servicio lo más eficaz y activo posible de espionaje, para saber a todas horas del día y de la noche el estado, la situación, la fuerza, los movimientos e intenciones del enemigo.
- El Gobierno recomienda a su muy detenida atención, estas observaciones para que Ud. tome de ellas lo que estime conveniente y útil a la salvación del país, y a la gloria y esplendor de nuestras armas, no apartándose de ellas, porque la experiencia ha probado ya que es el medio más seguro de vencer.
Sírvase Ud. pasar estas instrucciones en comunicación a los jefes y oficiales bajo su mando y exigir su estricta observancia.
Dios guarde a Ud. muchos años.
El Vice-Presidente, Benigno F. de Rojas. Refrendado. La Comisaría de la Guerra, Máximo Grullón. (El Diario Español, y La Iberia, Madrid, 23 de junio de 1864)
