Skip to content

Crónicas de Hispaniola

Historia, análisis y contexto

  • Inicio
  • Épocas Históricas
    • Mundo Taíno
    • Colonia Española
    • Azúcar y Piratas
    • Invasiones Haitianas
    • Independencia y Restauración
    • Inicio Siglo XX
    • Ocupación Norteamericana
    • Era de Trujillo
    • Guerra de Abril 1965
    • Historia Moderna
  • Contexto Global
    • Europa y los Imperios Coloniales
    • África y la Trata Transatlántica
    • Estados Unidos y el Caribe
    • Latinoamérica y el Caribe Hispano
    • Ideologías y Revoluciones Globales
    • Economía Atlántica y Comercio Global
  • Multimedia
    • Podcast
    • Mapas Interactivos
    • Líneas de Tiempo
  • Biblioteca
    • Documentos Coloniales
    • Bibliografía
    • Cuentos
    • Ensayos
    • Glosario
  • Institucional
    • Autores
    • Sobre el Proyecto
    • Apóyanos
    • Comunidad
  • Toggle search form

Antonio Duvergé y la proclama a los haitianos de 1848

Posted on junio 3, 2026junio 3, 2026 By Crónicas de Hispaniola No hay comentarios en Antonio Duvergé y la proclama a los haitianos de 1848

ANTONIO DUVERGE, PROCLAMA A LOS HAITIANOS.
18 diciembre 1848.

Dios, Patria y Libertad
República Dominicana

ANTONIO DUVERGE

General de División, Jefe Superior Político de la Provincia de Azua y Comandante en Jefe de las fronteras del Sud.

En nombre de sus compatriotas los dominicanos

A los haitianos:

Ha llegado hasta nosotros la proclama insidiosa que dirigió vuestro Presidente al pueblo y al ejército con el fin de animaros a tomar las armas y marchar a la primera voz contra aquellos dominicanos que insensibles a sus halagos y falsas promesas permanezcan firmes en el juramento que solemnemente han prestado de vivir para siempre separados de la parte Occidental, independiente de la dominación ignominiosa que por 22 años pesó sobre ellos, y tener su gobierno, sus leyes, sus instituciones, sus hábitos y costumbres, su religión y su voluntad libre para ordenar y regir el Estado de su sociedad; me refiero a la proclama del 4 de Noviembre del corriente año.

¡¡Haitianos!! La mezquina inteligencia de vuestro Presidente, desconoce de todo punto el temple robusto de nuestras almas, la sublimidad del afecto que nos conmueve, y lo inalterable de nuestras resoluciones o confía demasiado en vuestra credulidad, sencillez e ignorancia, y más que todo en el estupor y postración en que os han sumido las sangrientas escenas de que recientemente habéis sido los testigos y ciegos instrumentos, quizás, el miedo que os inspira ese ángel exterminador de vuestra raza os haya permitido dar crédito a las falsedades ridículas de que abunda la dicha proclama, y manchados aún con la sangre de vuestras familias habréis oído sin indignación las frases pomposas por medio de las cuales se os señala el camino de la muerte excitándoos a una conquista ridículamente ilusoria y absolutamente imposible: traer a la memoria esa época infausta de vuestra dominación; pensad en que sumergidos en la ignorancia y pobreza, porque tal era el sistema de vuestro Gobierno para prolongar la servidumbre, exhaustos de recursos, casi sin armas ni dinero, sin más protección que la del Cielo y por sólo el esfuerzo de nuestra voluntad y el ardiente deseo de independencia, sacudimos el yugo y denodados proclamamos nuestra resolución y decididos y valientes la sostuvimos contra las numerosas fuerzas que vanamente desplegó vuestro Gobierno contra nosotros, tanto por estas fronteras como por las del Norte, vuestro Gobierno que entonces tenía recursos muy diferentes a los actuales, porque era otro el espíritu político entre los haitianos, porque no los había devorado la guerra civil o de castas, porque os paladeaban con las lisonjeras esperanzas que se emplearon para seduciros a marchar haciéndoos entrever un porvenir halagüeño que jamás veréis realizado y que por el contrario han destruído el presente llevadero de que gozábais, puesto que aún no os encontrábais sumidos en la espantosa crisis monetaria que deploráis, ni la miseria pública había ganado el terreno que vuestra injusta guerra le ha ofrecido, ni os hallábais, merced a tantos actos imprudentes de grosera política y diametralmente contrarios al derecho de gentes, comprometidos y envueltos en fatales desavenencias con las naciones extranjeras; ni se había alejado para siempre de vuestro suelo la confianza, la seguridad y las garantías indispensables para la existencia política.

¡¡¡Haitianos!!! miserables juguetes de vuestros gobernantes, nosotros abundamos en todo aquello de que vuestro Gobierno carece; nosotros hemos conocido y experimentado vuestras fuerzas y prácticamente el principio de que “el pueblo que quiere ser libre no hay poder humano que lo esclavice”, nosotros hemos saboreado con deleite los dulces gozos que ofrecen la libertad e independencia y comparada nuestra situación congojosa y degradada con la que actualmente disfrutamos y con la que nos prometemos ese porvenir inmenso rico de esperanzas ¿cómo pues figurarse que haya un solo dominicano indigno de tan glorioso nombre que olvidando la dignidad de su ser, las ventajas de su posición, las hermosas páginas de su historia, prestase por un momento oído a tan absurdas y falaces promesas? Los Hipólitos y los Marcelos son únicos entre nosotros y si desgraciadamente apareciese un imitador de esos miserables, tendrían el mismo fin e idéntico castigo a que se hicieron acreedores, y que la ley enérgicamente supo aplicarles.

Vuestro Gobierno nos recuerda por medio de su proclama que la sangre africana circula por nuestras venas, ¿y quién de nosotros lo ha dudado? echad una ojeada sobre todos nuestros empleados civiles y militares de toda categoría, los veréis indistintamente matizados por los diversos colores que produce la naturaleza humana, y distinguiréis una sola escala para ascender a los puestos más elevados de la República, la virtud! Vuestro Gobierno sostiene que fuera de este país, nuestro color y condición es despreciable; nosotros tenemos distintas convicciones, fundadas en la evidencia, tanto porque el espíritu de filosofía que distingue a nuestro siglo ha proscripto para siempre las necias preocupaciones, hijas de la ignorancia, cuanto porque nuestras relaciones con diversas naciones americanas y europeas destruyen felizmente vuestro aserto. Vuestro Gobierno habla de esclavitud, creyéndola en su delirio la palabra mágica con que podría conmover los ánimos de aquellos que ignorasen los derechos imprescriptibles que tienen a su libertad adquirida, y nos recuerda que vivimos en medio de nuestros amos; pero esta proposición ridícula, indigna de atención, y que revela lo impotente de vuestros esfuerzos, ha excitado la risa de aquellos pocos, muy pocos, que entre nosotros tuvieron la desgracia de que traficase con ellos la codicia humana, contra todos los principios de filosofía y religión, y fijan la vista en estas tres palabras sagradas de Dios, Patria y Libertad, que forman el lema de nuestra República consagrado por el pacto fundamental, descansan tranquilos con la seguridad y conciencia de sus derechos. Vuestro Gobierno nos ofrece por último mejoras, protección, seguridad y garantías, etc., ¿y cuáles son las que disfrutáis vosotros? ¿lo es acaso la espantosa miseria que os devora? ¿lo es el comprometimiento en que os tiene ese mismo Gobierno para con las naciones extranjeras? ¿lo es la deuda inmensa que sobre vosotros pesa para con una de esas mismas naciones, y que no obstante los sacrificios que se han exigido de vuestros fondos, aún no ha sido pagada por los manejos e insaciable codicia de vuestros gobernantes? ¿Lo es la guerra terrible y destructora, esa guerra civil, esa guerra de castas, esa guerra fratricida en que se os compele a degollar los unos a los otros; guerra infausta que sostiene la política más bárbara, más imprudente, más maquiavélica, y más antisocial del mundo?

Nosotros damos las gracias al ofrecimiento que nos hace vuestro Gobierno, y sobre la conservación de nuestros empleos, puedo asegurarle en nombre de todos los cabos de escuadras, y de los alguaciles y porteros de los tribunales dominicanos, que los primeros no trocarían su galón por las charreteras de generales haitianos, ni los otros cederían sus funciones por una cartera de Primer Ministro.

Haitianos: Yo os hablo en nombre de vuestro interés: en nombre de vuestra conservación, de vuestras mujeres y de vuestros hijos, ningún derecho os asiste sobre la República Dominicana, que vosotros insistís en apellidar parte del Este; nada tenéis que buscar en ella ni nada tenéis que ganar si no es fatigas, pérdida de vuestro trabajo que abandonáis, miserias, necesidades, quebrantos y una muerte segura que reservamos los valientes dominicanos en la boca de nuestros fusiles, en las puntas de nuestras lanzas y los filos de nuestros machetes, a todo el que atrevido osare atacar nuestros derechos y nuestra propiedad.

Cuartel General de Las Matas, 18 de Diciembre de 1848 y 5° de la Patria.

Duvergé.

Santo Domingo, Imprenta Nacional, año 1849. Ignacio González.

Épocas Históricas, Independencia y Restauración Tags:1848, Antonio Duvergé, Crónicas De Hispaniola, Dios Patria Y Libertad, Emilio Rodríguez Demorizi, Frontera Dominico-Haitiana, Guerra De La Separación Dominicana, Guerra Dominico-Haitiana, Haití, Historia Dominicana, Independencia Dominicana, Las Matas De Farfán, Proclama A Los Haitianos, República Dominicana, Separación Dominicana, Siglo XIX Dominicano

Navegación de entradas

Previous Post: Nicolás de Ovando y la gran armada colonizadora
Next Post: Santo Domingo, primer astillero del Nuevo Mundo

More Related Articles

Ferrand en Santo Domingo Contexto Global
Ángel Liberata: la leyenda épica del Sur dominicano Biblioteca
La Batalla de "Las Carreras" Biblioteca
La Enfermedad, el Clima y el Desgaste del Ejército Español Durante la Restauración Contexto Global
Yaquesí: Una Acción Olvidada de la Frontera Norte Colonia Española
La Marina de Guerra Dominicana en los Primeros Años de la Primera República Contexto Global

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Publicaciones

  • Los Artilleros de Santo Domingo
  • La Enfermedad, el Clima y el Desgaste del Ejército Español Durante la Restauración
  • Los Cadetes de Santo Domingo y la Formación de una Oficialidad Criolla
  • Armas, Uniformes y Artilleros en Santo Domingo en 1790
  • El Ataque y la Evacuación de Las Caobas en 1795

Comentarios

  1. La Marina de Guerra Dominicana en los Primeros Años de la Primera República - Crónicas de Hispaniola en Destrucción de la flota francesa del contraalmirante Leisseigue (22 de enero de 1806)

Copyright © 2026 Crónicas de Hispaniola.

Powered by PressBook Blog WordPress theme