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Crónicas de Hispaniola

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El Mapa Sanitario de la Guerra: Enfermedades y Mortalidad en las Regiones Dominicanas

Posted on agosto 1, 2026agosto 1, 2026 By Crónicas de Hispaniola No hay comentarios en El Mapa Sanitario de la Guerra: Enfermedades y Mortalidad en las Regiones Dominicanas

Cómo el agua, el clima, los alojamientos y las comunicaciones determinaron el impacto sanitario de la Guerra de la Restauración

Crónicas de Hispaniola

La enfermedad no afectó de la misma manera a todas las guarniciones españolas desplegadas durante la Guerra de la Restauración. Las condiciones de Santo Domingo, Santiago, Puerto Plata, Samaná, Azua, Baní, Montecristi, El Seibo, Hato Mayor y San Antonio de Guerra eran diferentes, tanto por su geografía como por la calidad del agua, el tipo de alojamiento, las comunicaciones disponibles y la intensidad de las operaciones militares.

Los informes sanitarios examinados por María Magdalena Guerrero Cano permiten reconstruir un verdadero mapa médico de la contienda. Ese mapa muestra que la mortalidad no dependía solamente de la presencia de una enfermedad determinada. También estaba condicionada por el lugar donde se encontraba la tropa, la capacidad del hospital, la posibilidad de evacuar a los pacientes y la existencia —o ausencia— de médicos, medicamentos, camas y alimentos.

Algunas localidades funcionaban como centros de concentración y evacuación. Otras eran puntos de recuperación. Varias se convirtieron en focos de disentería, fiebres intermitentes, afecciones gastrointestinales y úlceras gangrenosas. En los casos más graves, la mortalidad hospitalaria alcanzó o superó el 14 %.

Este panorama territorial permite comprender que la crisis sanitaria española no fue uniforme. Cada región produjo una combinación particular de enfermedad, desgaste y limitaciones logísticas.

La Geografía También Combatía

Los partes sanitarios del siglo XIX describían la isla mediante conceptos propios de la medicina de su tiempo. Los médicos hablaban de humedad excesiva, vegetación frondosa, aguas impuras, emanaciones, “miasmas” y terrenos insalubres.

La teoría miasmática ha sido superada, pero muchas de las observaciones conservan valor histórico. Los informes registraban circunstancias concretas:

  • Aguas salobres o contaminadas.
  • Cercanía de lagunas, cañadas y pantanos.
  • Elevada humedad.
  • Altas temperaturas.
  • Lluvias frecuentes.
  • Mala ventilación.
  • Hacinamiento.
  • Suelos encharcados.
  • Alimentación deficiente.
  • Falta de descanso.
  • Exposición prolongada durante guardias y marchas.

La geografía no enfermaba de manera automática a los soldados. El problema surgía cuando un ejército poco aclimatado ocupaba espacios sin agua segura, dormía en alojamientos improvisados y mantenía unidades sometidas a servicios excesivos.

Por esta razón, dos localidades relativamente cercanas podían mostrar tasas de mortalidad muy diferentes. El ambiente natural interactuaba con la calidad de la infraestructura militar.

Santo Domingo: Centro de Concentración y Evacuación

La ciudad de Santo Domingo ocupaba el centro de la red sanitaria española. Su hospital militar recibía enfermos y heridos procedentes de otras poblaciones, campamentos y puestos avanzados.

El establecimiento principal funcionaba en un antiguo convento y tenía capacidad aproximada para doscientos pacientes. Esa capacidad resultó insuficiente cuando aumentó la guarnición y comenzaron a llegar enfermos de otros puntos.

Fue necesario habilitar cinco iglesias y entre diez y doce casas particulares. La documentación señala que estos inmuebles no reunían condiciones adecuadas para la atención hospitalaria.

La capital presentaba varios factores sanitarios desfavorables:

  • Vegetación abundante en sus alrededores.
  • Humedad elevada.
  • Cambios bruscos de temperatura.
  • Problemas con la calidad del agua.
  • Concentración de tropas.
  • Llegada constante de enfermos.

Las enfermedades más frecuentes eran las fiebres intermitentes y las afecciones gastrointestinales, algunas de las cuales evolucionaban hacia cuadros denominados fiebres gástricas.

La mortalidad local podía parecer moderada en determinados registros, pero la ciudad recibía pacientes graves procedentes de otras regiones. Esto elevaba sus cifras de fallecimientos y hacía del hospital capitalino un reflejo de la crisis sanitaria de toda la ocupación.

En las estadísticas de disentería correspondientes a 1864, Santo Domingo registró:

IndicadorCantidad
Enfermos existentes en enero63
Entradas durante el año4,743
Salidas4,359
Muertes348
Enfermos al final de diciembre99

Estas cifras no significan que todos los casos se originaran en la capital. Muchos pacientes fueron trasladados desde Azua, El Seibo, Hato Mayor y otras posiciones.

Santo Domingo era, por tanto, hospital, depósito, centro administrativo y puerto de evacuación.

Santiago de los Caballeros: Agua Favorable, Infraestructura Precaria

Santiago presentaba una combinación distinta. La ciudad carecía de cuarteles y hospitales adecuados, por lo que se construyó un gran bohío destinado a la atención de enfermos.

La instalación podía albergar aproximadamente sesenta pacientes. Aunque era insuficiente para las necesidades de una plaza de tanta importancia, contaba con una ventaja: la documentación consideraba buenas y puras las aguas tomadas del río Yaque.

Las enfermedades predominantes eran:

  • Fiebres intermitentes.
  • Casos de disentería.

La mortalidad registrada era de aproximadamente 0.5 %, una de las más bajas del conjunto estudiado.

Sin embargo, esa cifra debe analizarse con cautela. La capacidad reducida del establecimiento, los traslados de pacientes y los cambios en el control de la ciudad pudieron modificar el registro.

La ocupación restauradora de Santiago obligó a desalojar el hospital. Los enfermos que no podían ser trasladados quedaron bajo el cuidado del médico mayor Eusebio Gascón, el primer ayudante Francisco Ferrari, el farmacéutico Pedro Maceo y los practicantes José Mora y José Trujillo.

El episodio muestra que la situación sanitaria dependía también de la evolución militar. Una ciudad podía pasar de centro hospitalario a posición evacuada en cuestión de días.

El testimonio de Adriano López Morillo sobre el fuerte de San Luis describe un ambiente mucho más grave que el sugerido por la tasa general de mortalidad: falta de agua, camas, medicinas y víveres, con enfermos tendidos en el suelo y debajo de los catres.

La aparente contradicción demuestra que una estadística anual no siempre capta los momentos de crisis extrema.

Puerto Plata: Una Ciudad Destruida y un Hospital en El Fuerte

Después de la destrucción de Puerto Plata en 1863, las tropas españolas se replegaron al fuerte de San Felipe. Allí levantaron barracones para instalar el campamento y el hospital.

La principal dificultad era el abastecimiento de agua. Fue necesario abrir pozos, pero el líquido obtenido no era de buena calidad.

Las afecciones más frecuentes eran:

  • Disentería.
  • Diarrea.
  • Cólicos.
  • Fiebres intermitentes.

La mortalidad era descrita como reducida, aunque las condiciones materiales resultaban precarias.

Cuando las fuerzas españolas recuperaron la población, el restablecido hospital recibió numerosos enfermos y heridos. La presión obligó a abrir otro establecimiento en Guanuna, atendido por un ayudante farmacéutico.

La red sanitaria de la zona se conectaba con almacenes y enfermerías en Santa Cruz y Yabacao. Estos puntos recibían atención preferente por su importancia estratégica y por las dificultades de las comunicaciones.

Puerto Plata demuestra que los puertos no eran necesariamente lugares sanitariamente seguros. Su valor militar y marítimo podía provocar una concentración de tropas que aumentaba el riesgo de enfermedad.

Samaná: El Peso de la Humedad y el Aislamiento

Samaná aparece en el documento como uno de los lugares más difíciles para la salud de las tropas españolas.

Los informes destacaban:

  • Temperaturas elevadas.
  • Humedad constante.
  • Bosques espesos.
  • Lluvias frecuentes.
  • Escasa ventilación.
  • Protección natural contra los vientos.

Después de la Anexión, la guarnición fue trasladada al lugar denominado Flechas de Colón, considerado menos perjudicial. A pesar del cambio, continuaron presentándose:

  • Fiebres intermitentes.
  • Disenterías.
  • Afecciones gastro-biliosas.

La mortalidad oscilaba entre 3 % y 4 %.

La condición peninsular de Samaná complicaba además las comunicaciones terrestres. El traslado de enfermos, medicamentos y alimentos dependía de rutas difíciles y, en ocasiones, del transporte marítimo.

La guarnición podía quedar relativamente aislada, con menor capacidad para evacuar pacientes con rapidez.

En la estadística de disentería de 1864, Samaná registró:

IndicadorCantidad
Enfermos existentes en enero26
Entradas878
Salidas852
Muertes52
Enfermos al final de diciembre0

La cifra de salidas probablemente incluye recuperados y trasladados. No debe interpretarse como evidencia de que todos regresaron al servicio en buenas condiciones.

Azua: El Principal Foco de Disentería

Compostela de Azua ocupa un lugar central en la geografía sanitaria de la guerra.

La población carecía de un hospital adecuadamente acondicionado. Las autoridades utilizaron edificios particulares para atender a los enfermos.

Los informes señalaban varios problemas:

  • Altas temperaturas.
  • Agua cargada de sales.
  • Presencia de materias vegetales y animales.
  • Abastecimiento desde un río contaminado.
  • Edificaciones inadecuadas.
  • Elevada incidencia de enfermedades gastrointestinales.

Las afecciones más comunes eran:

  • Disenterías graves.
  • Fiebres intermitentes.
  • Fiebres gástricas.

La mortalidad se calculaba entre 4.5 % y 5 %.

En la estadística de disentería de 1864, Azua registró:

IndicadorCantidad
Enfermos existentes en enero54
Entradas837
Salidas737
Muertes122
Enfermos al final de diciembre32

La proporción de fallecidos era elevada. Además, muchos pacientes eran enviados a Santo Domingo, por lo que la mortalidad real originada en Azua pudo ser superior.

La autora señala que el 4 de diciembre de 1863 ya era alarmante el número de enfermos y fallecidos por disentería crónica.

Azua permite observar la relación directa entre agua contaminada y pérdida de capacidad militar. Una guarnición podía mantener el control de la población, pero no proteger a sus soldados si dependía de fuentes insalubres.

Baní: Un Espacio de Recuperación

Baní fue considerado un lugar de mejor clima. Allí se organizó una enfermería de recuperación que produjo resultados relativamente favorables.

Las principales enfermedades eran las fiebres intermitentes, algunas de ellas graves.

La mortalidad se situaba entre 2 % y 2.5 %.

Baní desempeñaba una función distinta a la de Azua o Santo Domingo. No era solamente un punto de primera atención, sino un lugar destinado a la convalecencia.

Esto demuestra que la red sanitaria intentaba aprovechar diferencias regionales. Los pacientes podían ser enviados a zonas consideradas más saludables antes de reincorporarse al servicio.

Sin embargo, la recuperación no siempre era completa. Los soldados que regresaban demasiado pronto a sus unidades podían recaer al reencontrarse con las mismas condiciones de humedad, agotamiento y mala alimentación.

En la estadística de disentería de 1864, Baní registró:

IndicadorCantidad
Enfermos existentes en enero12
Entradas232
Salidas223
Muertes11
Enfermos al final de diciembre10

La cifra relativamente baja de entradas confirma que su función sanitaria era menor que la de Santo Domingo, Azua, Samaná o Montecristi.

Montecristi: Clima Malsano y Aguas Salobres

Montecristi no disponía inicialmente de hospital. El establecimiento fue creado después de que las fuerzas españolas ocuparan la población.

Los informes describían:

  • Clima malsano.
  • Aguas salobres procedentes de pozos.
  • Frecuencia de fiebres intermitentes.
  • Presencia de disenterías.

La mortalidad alcanzaba aproximadamente 3.77 %.

La ubicación de Montecristi le otorgaba importancia militar y marítima. Sin embargo, las condiciones de agua limitaban su utilidad como base prolongada.

La estadística de disentería de 1864 presenta un dato llamativo:

IndicadorCantidad
Enfermos existentes en enero22
Entradas1,930
Salidas1,876
Muertes14
Enfermos al final de diciembre62

La baja mortalidad en relación con el elevado número de entradas exige una lectura prudente. Puede reflejar traslados, diferencias en los diagnósticos o registros administrativos incompletos.

No debe concluirse automáticamente que la disentería fuera menos grave en Montecristi. Las cifras necesitan contrastarse con partes hospitalarios y movimientos de pacientes.

Santa Cruz del Seibo: El Punto Más Mortífero

Santa Cruz del Seibo presentaba algunas de las peores condiciones sanitarias descritas en el documento.

Los informes destacaban:

  • Suelo arcilloso.
  • Humedad constante.
  • Vegetación abundante.
  • Lagunas.
  • Cañadas.
  • Ríos.
  • Dificultades de abastecimiento.

Las enfermedades frecuentes incluían:

  • Fiebres intermitentes.
  • Tercianas.
  • Fiebres cotidianas y perniciosas.
  • Fiebres biliosas.
  • Fiebres tifoideas.
  • Disentería.
  • Úlceras gangrenosas llamadas rampanos.

La situación se agravaba porque el depósito de víveres estaba situado en Guaza, a ocho leguas de distancia. Para abastecer a la guarnición era necesario organizar convoyes diarios.

Esos convoyes consumían hombres, animales, tiempo y protección militar. Los soldados debían marchar, vigilar caminos y transportar cargas, aumentando su agotamiento.

La enfermería podía recibir unos 180 pacientes, pero llegó a ser insuficiente. Los enfermos permanecían dentro de sus propias compañías cuando no encontraban espacio.

En un momento determinado se reunieron 480 enfermos pertenecientes a tres batallones para pasar reconocimiento médico.

Durante los meses de verano, las fiebres se agravaban y las pequeñas úlceras podían evolucionar hacia lesiones gangrenosas.

La mortalidad se calculaba en al menos 14 %. El registro de 272 fallecidos era considerado inferior a la realidad porque muchos pacientes trasladados morían en otros hospitales.

“La mortalidad era al menos del 14 % porque el cálculo que se daba de 272 difuntos no respondía a la realidad” (p. 324).

El Seibo demuestra cómo la distancia entre el hospital y los depósitos de abastecimiento podía convertirse en un problema sanitario.

Hato Mayor: Agua Contaminada y Enfermos en el Suelo

La enfermería de Hato Mayor funcionaba en una sacristía y otros dos o tres edificios habilitados según las necesidades.

Las condiciones de alojamiento eran particularmente precarias. Muchos enfermos permanecían directamente sobre el suelo. Algunos disponían de camastros improvisados con pieles y hierbas secas.

Las enfermedades más frecuentes eran:

  • Afecciones gástricas.
  • Disentería.
  • Fiebres intermitentes.
  • Fiebres tifoideas.
  • Diarrea.
  • Rampanos.

Los informes atribuían la crisis sanitaria a una combinación de factores:

  • Aguas con materias vegetales y animales en descomposición.
  • Escasez de alimentos.
  • Mala calidad de las raciones.
  • Alojamientos deficientes.
  • Exceso de servicios militares.

Se registraron 253 fallecidos, equivalentes aproximadamente al 14 %. La autora advierte que la mortalidad real era superior porque muchos pacientes fallecían después de ser trasladados.

Hato Mayor y El Seibo forman un mismo corredor de elevada mortalidad. La intensidad de las operaciones, las dificultades de abastecimiento y la mala calidad del agua agravaban las enfermedades.

San Antonio De Guerra: La Puerta Hacia el Este

San Antonio de Guerra era considerado un punto estratégico para las operaciones hacia El Seibo. Por esta razón recibió un número elevado de tropas.

La enfermería se instaló en una iglesia inconclusa de ladrillo y barro.

La población estaba rodeada por cuatro lagunas. El agua debía filtrarse antes de ser consumida, pues no era considerada pura.

Los soldados permanecían en movimiento constante, con malos alojamientos y expuestos a un ambiente insalubre. Cada quince días se enviaban enfermos hacia Santo Domingo.

La enfermería tuvo que ampliarse mediante bohíos viejos. Los pacientes dormían sobre yaguas; únicamente los casos más graves recibían camastros.

Las enfermedades predominantes eran:

  • Afecciones gastrointestinales.
  • Fiebres intermitentes.

La cifra local de muertos no parecía elevada porque muchos enfermos eran evacuados antes de fallecer.

San Antonio de Guerra muestra uno de los problemas más importantes de las estadísticas sanitarias: el lugar de la muerte no siempre era el lugar donde se había producido la enfermedad.

Dajabón Y Los Puestos de la Frontera

Después de los acontecimientos de febrero de 1863 se organizaron puntos de observación cerca de la frontera con Haití.

Los enfermos de esos destacamentos eran enviados a la enfermería de Dajabón, instalada al llegar el verano.

El documento no ofrece cifras detalladas sobre su funcionamiento, pero la referencia confirma que la frontera también formaba parte de la red sanitaria española.

Los puestos fronterizos presentaban dificultades particulares:

  • Distancia de los grandes hospitales.
  • Caminos deficientes.
  • Escasa presencia médica.
  • Dependencia de practicantes.
  • Necesidad de transportar enfermos.
  • Riesgo de interrupción de las comunicaciones.

La ausencia de estadísticas completas no significa que estas posiciones fueran sanitariamente irrelevantes. Más bien evidencia los límites de la documentación disponible.

La Vega, Moca, Guayubín, Sabaneta, Las Matas y Neyba

La dotación médica de las enfermerías menores revela la desigualdad territorial del sistema.

La Vega disponía de un primer ayudante médico.

Moca contaba con un médico provisional.

Guayubín, Sabaneta, Las Matas y Neyba podían quedar bajo la atención de un practicante aparatista.

Esta distribución muestra que no todas las poblaciones tenían acceso a un facultativo. En varios puntos, el primer diagnóstico y tratamiento dependían de personal auxiliar.

Cuando aparecía un caso grave, el paciente debía ser trasladado a otro establecimiento.

La distancia entre la enfermería y el hospital podía decidir la supervivencia del enfermo. El traslado se realizaba por caminos difíciles, con camillas, carretas, mulas o medios improvisados.

La red sanitaria existía, pero su capacidad disminuía a medida que se alejaba de Santo Domingo y de los principales puertos.

Un Mapa de Mortalidad Desigual

Las tasas reunidas por Guerrero Cano permiten observar diferencias regionales importantes:

LocalidadMortalidad aproximada indicada
Santiago0.5 %
Baní2–2.5 %
Samaná3–4 %
Montecristi3.77 %
Azua4.5–5 %
El SeiboAl menos 14 %
Hato MayorAproximadamente 14 %

Estas cifras no deben interpretarse como una clasificación exacta y definitiva.

Los hospitales no registraban a la misma clase de pacientes. Algunos recibían enfermos graves enviados desde otras localidades; otros trasladaban a sus pacientes antes de que fallecieran. También existían diferencias en capacidad, duración y calidad de los registros.

La tasa de Santiago puede reflejar una combinación de mejor agua, menor capacidad hospitalaria y evacuaciones. La elevada mortalidad de El Seibo y Hato Mayor se relacionaba con peores condiciones de alojamiento, abastecimiento y carga de trabajo.

El mapa sanitario era también un mapa de la logística militar.

Las Rutas de Traslado Alteraban las Estadísticas

Los enfermos podían pasar por varios establecimientos antes de recuperarse o morir.

Un soldado enfermo en El Seibo podía ser trasladado a San Antonio de Guerra y posteriormente a Santo Domingo. Si fallecía en la capital, su muerte podía aparecer en el registro de Santo Domingo, aunque la enfermedad se hubiera originado en el este.

Lo mismo ocurría con pacientes de Azua, Hato Mayor, Montecristi o Samaná.

Este movimiento producía dos distorsiones:

  1. Reducía artificialmente la mortalidad del lugar de origen.
  2. Aumentaba la mortalidad del hospital receptor.

Además, algunos enfermos morían durante el trayecto terrestre o marítimo. Otros quedaban fuera de las estadísticas hospitalarias.

La autora advierte que las cifras de El Seibo y Hato Mayor eran inferiores a la mortalidad real precisamente por estas evacuaciones.

Por ello, el análisis territorial debe seguir la trayectoria completa del paciente y no limitarse al lugar donde se produjo la defunción.

Los Hospitales como Puntos de una Red Logística

Cada establecimiento dependía de una red mayor.

Los hospitales necesitaban:

  • Medicamentos.
  • Alimentos.
  • Agua.
  • Ropa.
  • Camas.
  • Instrumentos.
  • Personal.
  • Animales de carga.
  • Carretas.
  • Escoltas.
  • Barcos.

Los almacenes de Santa Cruz y Yabacao abastecían centros de Puerto Plata y Guanuna. Guaza servía como depósito para El Seibo. Santo Domingo recibía pacientes de casi toda la isla y coordinaba embarques hacia Cuba y Puerto Rico.

La red sanitaria seguía las mismas rutas que los víveres y las municiones.

Cuando los caminos quedaban cubiertos por la vegetación, destruidos por las lluvias o amenazados por partidas restauradoras, también se interrumpía el abastecimiento médico.

Un hospital sin medicamentos o alimentos era apenas un refugio para enfermos.

La Guerra Irregular y la Geografía Médica

La estrategia restauradora aumentaba las dificultades sanitarias del ejército español.

Los dominicanos evitaban presentar grandes masas en batallas campales y preferían:

  • Hostigar convoyes.
  • Sorprender destacamentos.
  • Utilizar bosques y caminos secundarios.
  • Mantener al enemigo en movimiento.
  • Impedirle descansar.
  • Dispersar sus guarniciones.
  • Obligarle a proteger rutas y depósitos.

Estas acciones tenían consecuencias sanitarias directas.

Cada convoy hacia El Seibo exponía soldados a marchas, humedad y fatiga. Cada guarnición aislada necesitaba su propia enfermería. Cada ruta insegura retrasaba medicamentos y evacuaciones.

La geografía médica de la guerra no puede separarse de su geografía militar.

Las enfermedades se propagaban en espacios que la estrategia restauradora hacía más difíciles de abastecer, proteger y comunicar.

El Clima no Actuaba Solo

Reducir la crisis sanitaria al “clima tropical” produciría una interpretación incompleta.

Baní tenía mejores resultados que El Seibo. Santiago registraba una mortalidad inferior a Azua. Santo Domingo concentraba enfermos graves de otras regiones.

Estas diferencias muestran que la administración militar desempeñaba un papel decisivo.

El mismo clima podía producir efectos distintos según:

  • La calidad del agua.
  • La alimentación.
  • El alojamiento.
  • La densidad de tropas.
  • La disponibilidad de médicos.
  • La distancia del hospital.
  • La rapidez de evacuación.
  • La carga de trabajo.
  • La seguridad de las comunicaciones.

La enfermedad era una consecuencia de la interacción entre el ambiente y la organización humana.

Los Diagnósticos del Siglo XIX

Las categorías médicas utilizadas en los informes no siempre corresponden con diagnósticos actuales.

Las “fiebres intermitentes” podían incluir varios tipos de enfermedades febriles. Las “gastro-biliosas” y “gástricas” agrupaban cuadros diversos. Los “rampanos” eran úlceras gangrenosas cuya causa exacta no está plenamente establecida en el documento.

Por ello, no debe traducirse automáticamente:

  • Fiebre intermitente como malaria.
  • Fiebre gástrica como fiebre tifoidea.
  • Rampano como una enfermedad cutánea moderna específica.

El artículo debe conservar el vocabulario histórico y explicar sus límites.

La documentación permite conocer cómo los médicos de la época observaban y clasificaban las enfermedades, pero no siempre permite establecer un diagnóstico retrospectivo seguro.

La Mortalidad Invisible

Una parte del costo humano no aparece completamente en las tablas.

Quedaban fuera o mal representados:

  • Enfermos atendidos en campamentos transitorios.
  • Soldados fallecidos durante traslados.
  • Pacientes que morían en otro hospital.
  • Enfermos dominicanos no ingresados en establecimientos militares.
  • Miembros de la población civil.
  • Casos sin diagnóstico preciso.
  • Registros perdidos durante evacuaciones.
  • Enfermos que recaían después de reincorporarse.

La estadística militar perseguía objetivos administrativos: controlar existencias, movimientos, bajas y necesidades. No fue diseñada para ofrecer una historia epidemiológica completa.

Aun así, permite observar tendencias claras:

  • Predominio de enfermedades gastrointestinales y febriles.
  • Mayor mortalidad en algunos puntos del este.
  • Importancia de la calidad del agua.
  • Saturación del hospital de Santo Domingo.
  • Dependencia de los traslados.
  • Desigualdad en la presencia médica.

Un Territorio Difícil de Ocupar

El mapa sanitario ayuda a explicar por qué España tuvo dificultades para mantener el control del país.

Ocupar una ciudad no bastaba. Era necesario sostener la guarnición, abastecerla, proteger sus rutas y atender a sus enfermos.

Puerto Plata dependía de pozos deficientes.

Azua sufría por el agua contaminada.

Montecristi tenía aguas salobres.

El Seibo requería convoyes desde un depósito situado a ocho leguas.

Hato Mayor alojaba enfermos en el suelo.

San Antonio de Guerra utilizaba una iglesia inconclusa y bohíos.

Samaná sufría humedad y aislamiento.

Santo Domingo recibía los pacientes que el resto del sistema no podía atender.

Cada punto ocupado generaba nuevas obligaciones logísticas. La expansión territorial del ejército multiplicaba los lugares donde podían enfermar los soldados.

La ocupación era extensa, pero la red sanitaria que debía sostenerla era insuficiente.

La Guerra de la Restauración produjo una geografía sanitaria profundamente desigual.

Santo Domingo funcionó como centro de concentración y evacuación. Santiago contó con mejor agua, pero sufrió instalaciones insuficientes y una crisis extrema durante los combates. Puerto Plata organizó su hospital dentro del fuerte de San Felipe. Samaná padeció humedad y aislamiento. Azua se convirtió en un foco de disentería. Baní sirvió como lugar de recuperación. Montecristi dependió de aguas salobres. El Seibo y Hato Mayor registraron las situaciones más mortíferas.

Estas diferencias demuestran que la enfermedad no fue una fuerza uniforme ni independiente de la guerra. Su impacto estaba determinado por la combinación de territorio, infraestructura, alimentación, agua, transporte y estrategia militar.

Los restauradores no necesitaban ocupar permanentemente todos los puntos defendidos por España. Les bastaba con mantener inseguras las comunicaciones, obligar a las guarniciones a permanecer en movimiento y aumentar el costo de cada posición.

En ese contexto, el mapa sanitario se convirtió también en un mapa del desgaste de la ocupación.

Los hospitales y enfermerías muestran dónde era más difícil sostener a las tropas, cuáles rutas consumían mayores recursos y qué regiones debilitaban con mayor rapidez al ejército expedicionario.

La recuperación de la soberanía dominicana se decidió en los combates y en la política, pero también en los lugares donde el agua enfermaba, los caminos impedían evacuar pacientes y las enfermerías quedaban desbordadas.

Referencias y bibliografía

Fuente principal

Guerrero Cano, María Magdalena. Aspectos Sanitarios Durante La Segunda Independencia De Santo Domingo. Su Repercusión En Andalucía. En Actas de las V Jornadas de Andalucía y América, pp. 315-341.

Fuentes y obras citadas por la autora

López Morillo, Adriano. Memorias sobre la segunda reincorporación de Santo Domingo a España. Santo Domingo: Sociedad Dominicana de Bibliófilos, 1983.

Rodríguez Demorizi, Emilio. Diario de la guerra dominico-española de 1863-1865. Santo Domingo: Editora del Caribe, 1963.

García Lluberes, Alcides. “Archivo de la Restauración. Un copiador de oficios del Ministerio de la Guerra”. Clío, núm. 133, 1958.

Archivo General de Indias. Sección Cuba, legajos 957, 964 B, 965 A, 969, 981, 1010 A y 1014 A, según las referencias utilizadas en el estudio.

Ferrer, Diego. “La medicina preventiva en los ejércitos expedicionarios a Indias”. En Actas del IV Congreso Español de Historia de la Medicina. Granada, 1975.

Colonia Española, Contexto Global, Épocas Históricas, Europa y los Imperios Coloniales, Independencia y Restauración, Latinoamérica y el Caribe Hispano Tags:Crónicas De Hispaniola, Geografía Histórica, Guerra de la Restauración, Historia De La Medicina, Regiones Dominicanas, Sanidad Militar

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