Skip to content

Crónicas de Hispaniola

Historia, análisis y contexto

  • Inicio
  • Épocas Históricas
    • Mundo Taíno
    • Colonia Española
    • Azúcar y Piratas
    • Invasiones Haitianas
    • Independencia y Restauración
    • Inicio Siglo XX
    • Ocupación Norteamericana
    • Era de Trujillo
    • Guerra de Abril 1965
    • Historia Moderna
  • Contexto Global
    • Europa y los Imperios Coloniales
    • África y la Trata Transatlántica
    • Estados Unidos y el Caribe
    • Latinoamérica y el Caribe Hispano
    • Ideologías y Revoluciones Globales
    • Economía Atlántica y Comercio Global
  • Multimedia
    • Videos
    • Podcast
    • Mapas Interactivos
    • Líneas de Tiempo
  • Biblioteca
    • Documentos Coloniales
    • Bibliografía
    • Cuentos
    • Ensayos
    • Glosario
  • Institucional
    • Autores
    • Sobre el Proyecto
    • Apóyanos
    • Comunidad
  • Toggle search form

Cuando Santiago Proclamó A Duarte Presidente: La Crisis De Julio De 1844

Posted on agosto 26, 2026agosto 26, 2026 By Crónicas de Hispaniola No hay comentarios en Cuando Santiago Proclamó A Duarte Presidente: La Crisis De Julio De 1844

Crónicas de Hispaniola

El 4 de julio de 1844, Juan Pablo Duarte fue presentado ante las tropas y los habitantes reunidos en Santiago como candidato a ocupar la Presidencia de la República. Ramón Matías Mella, comandante del Departamento del Cibao, encabezó el movimiento y comunicó con entusiasmo a Francisco del Rosario Sánchez:

“Llegó mi deseado y te lo devolveré Presidente de la República Dominicana”.

La aclamación no convirtió automáticamente a Duarte en presidente efectivo de todo el país. La República todavía no tenía Constitución, no se habían celebrado elecciones nacionales y la Junta Central Gubernativa continuaba ejerciendo el gobierno provisional desde Santo Domingo. La autoridad de la proclamación santiaguera dependía, en la práctica, del respaldo de los pueblos y del Ejército del Norte.

Tampoco fue un acto desprovisto de contenido político. La documentación señala que los cibaeños proclamaron a Duarte con tres condiciones: preservar al país de una dominación extranjera, convocar una Asamblea Constituyente y remediar la crisis de la Hacienda pública.

Santiago no estaba concediendo una presidencia ilimitada. Estaba reclamando un gobierno definitivo, soberano y sujeto a la organización constitucional de la República.

Apenas cuatro meses después de la Separación, la ciudad que había rechazado al ejército de Jean-Louis Pierrot intervenía en una nueva batalla. Esta vez no se libraría con cañones en la sabana, sino mediante proclamas, delegaciones, movilizaciones militares y disputas sobre quién tenía derecho a gobernar el Estado dominicano.

Después de la victoria

La Batalla del 30 de Marzo había eliminado el peligro inmediato de que Haití recuperara Santiago, pero no había resuelto los problemas internos de la nueva República.

Durante abril y mayo, Mella se ocupó de reorganizar las defensas del Norte, extender las posiciones dominicanas hacia la frontera y consolidar su autoridad sobre un territorio formado por pueblos con intereses, jefes militares y ayuntamientos propios.

La victoria había fortalecido a los oficiales cibaeños, pero también había abierto una disputa por los cargos, los ascensos y el control de las fuerzas armadas. Los contingentes que combatieron en Santiago conservaban obediencia hacia sus jefes locales y no constituían todavía un ejército nacional completamente centralizado.

José María Imbert, vencedor del 30 de Marzo, ejercía influencia sobre una parte de la oficialidad. Su origen francés y la presencia de otros oficiales extranjeros produjeron recelos entre quienes sospechaban que Francia pretendía ejercer una tutela sobre la República.

Esos temores no surgían enteramente de la imaginación. Desde antes de la Independencia, dirigentes conservadores dominicanos habían considerado solicitar la protección francesa como garantía frente a una invasión haitiana. El llamado Plan Levasseur incluía una cesión territorial en Samaná y la colocación del nuevo Estado bajo influencia de Francia.

Sin embargo, en Santiago los hechos comprobables se mezclaron con rumores más alarmantes. Se afirmaba que la Junta había vendido el país, que los franceses tomarían el control del gobierno e incluso que restablecerían la esclavitud. No existen pruebas de que todos esos propósitos estuvieran acordados, pero las sospechas tuvieron consecuencias políticas reales.

El 13 de junio, el cónsul francés Eustache de Juchereau de Saint-Denys informó sobre la agitación en el Norte, el rechazo contra los oficiales franceses y la circulación de versiones acerca de una entrega del país a Francia. También señaló que algunos comenzaban a hablar de separar el Cibao de la autoridad de Santo Domingo. El estudio de Edwin Espinal Hernández reconstruye estas tensiones mediante la correspondencia diplomática francesa y documentos dominicanos.

No existió entonces un movimiento consolidado para fundar una república cibaeña. La idea revela, sin embargo, la debilidad de las instituciones nacionales. En 1844, la obediencia al gobierno central no podía darse por segura: debía negociarse con ayuntamientos, comandantes y fuerzas regionales.

Una delegación que agravó el conflicto

La Junta Central Gubernativa intentó contener las disputas enviando al Cibao una comisión integrada por José Ramón del Orbe, Pedro Ramón de Mena y Domingo de la Rocha.

Su misión debía restablecer el orden y resolver las diferencias entre las autoridades. El resultado fue contrario al esperado. Según una comunicación posterior de la propia Junta, la presencia de los delegados produjo una contienda entre hombres de considerable responsabilidad.

Mella había solicitado ayuda al gobierno desde el 18 de mayo. No podía mantener simultáneamente la defensa fronteriza, la administración regional y el equilibrio entre grupos políticos rivales. La autoridad militar conquistada durante la campaña no le garantizaba obediencia en los asuntos civiles.

Mientras aquello ocurría en el Norte, la Junta también se encontraba dividida en Santo Domingo. Los trinitarios se oponían a los sectores conservadores vinculados con Tomás Bobadilla y con las negociaciones de protección extranjera.

El 9 de junio, un movimiento militar apoyado por la guarnición de la capital expulsó de la Junta a varios de los conservadores. Francisco del Rosario Sánchez quedó al frente del gobierno provisional y los trinitarios pasaron a ejercer una influencia que hasta entonces no habían tenido.

El cambio de poder en Santo Domingo necesitaba ser reconocido en el resto del país. El Cibao, por su población, sus recursos agrícolas y el ejército movilizado después del 30 de Marzo, resultaba indispensable.

Duarte es enviado al Cibao

El 18 de junio, la Junta presidida por Sánchez relevó a los comisionados anteriores y nombró a Juan Pablo Duarte delegado del gobierno en el Cibao.

La misión que recibió era amplia, pero concreta: intervenir en las discordias internas, restablecer la paz, corregir los abusos y reorganizar o elegir los ayuntamientos cuando fuera necesario.

Duarte nunca había visitado la región. Era conocido por su participación en La Trinitaria, por la persecución sufrida durante el gobierno de Charles Hérard y por su condición de principal ideólogo de la Independencia. Pero su prestigio no significaba que conociera personalmente a los jefes, comerciantes y autoridades que controlaban los pueblos cibaeños.

Su recorrido por La Vega, Moca y Santiago se convirtió rápidamente en algo más que una inspección administrativa. En varias poblaciones fue recibido como fundador de la República y presentado como la figura capaz de garantizar la soberanía nacional.

Las fuentes no permiten reconstruir cada etapa del viaje ni precisar la participación de todos los ayuntamientos. Edwin Espinal Hernández advierte que el desarrollo de la misión permanece parcialmente desconocido, porque las proclamaciones presidenciales terminaron eclipsando las demás actuaciones de Duarte.

Lo seguro es que, al llegar a Santiago, encontró una región militarmente victoriosa, políticamente inquieta y desconfiada de las decisiones tomadas en Santo Domingo.

La proclamación del 4 de julio

Mella convirtió la llegada de Duarte en una propuesta de reorganización nacional. El 4 de julio lo presentó ante el pueblo y el Ejército del Norte, que lo aclamaron como presidente de la República.

No se conserva una relación minuciosa que permita describir el lugar exacto, el número de asistentes o el orden ceremonial del acto. Por esa razón, no debe reconstruirse como una elección moderna ni como una multitud unánime reunida en una plaza perfectamente documentada.

Fue un pronunciamiento político y militar conforme a las prácticas del siglo XIX. Una fuerza armada y una comunidad reunida expresaban públicamente su voluntad, esperando que otros pueblos adoptaran la misma posición.

Mella explicó posteriormente que los pueblos y el ejército deseaban un gobierno definitivo. La proclamación quedó condicionada a que Duarte preservara la independencia, convocara la Constituyente y atendiera el estado de las finanzas públicas.

Esas condiciones permiten comprender lo que buscaban sus promotores.

La primera respondía al temor de que la República terminara bajo un protectorado extranjero. La segunda exigía sustituir el gobierno provisional por instituciones surgidas de una Constitución. La tercera reconocía que el nuevo Estado carecía de ingresos suficientes para pagar tropas, comprar armas, sostener las fronteras y mantener la administración.

Santiago no pretendía limitarse a escoger un caudillo. Intentaba proponer una salida a la indefinición política que arrastraba la República desde febrero.

¿Duarte aceptó la Presidencia?

Duarte no rechazó inmediatamente la proclamación de Santiago. Continuó su recorrido por el Norte y recibió nuevas manifestaciones de respaldo. En La Vega y Moca también se produjeron pronunciamientos favorables, aunque la documentación conservada no permite establecer que todos fueran idénticos ni que representaran a la totalidad de sus habitantes.

El 8 de julio salió hacia Puerto Plata. Allí fue nuevamente aclamado el día 11, en un movimiento encabezado por el sacerdote Manuel González Regalado y apoyado por el general Antonio López Villanueva y Pedro Eduardo Dubocq.

En una carta dirigida posteriormente a los puertoplateños, Duarte agradeció los sufragios recibidos para la primera magistratura, pero aclaró que su satisfacción dependía de verlos “libres, felices, independientes y tranquilos”, aun cuando él fuera apartado del mando.

La carta no muestra a un hombre que considerara la Presidencia como propiedad personal. Tampoco constituye un rechazo inequívoco. Duarte aceptaba el sentido político de la proclamación, pero subordinaba el cargo a la libertad, la justicia y la unidad de la República.

Por tanto, resulta inexacto afirmar que Duarte ejerció plenamente la Presidencia nacional. Fue reconocido como presidente por sectores políticos, militares y municipales del Cibao, pero no llegó a controlar la Junta Central Gubernativa, la capital, el Ejército del Sur ni toda la administración del Estado.

Su presidencia fue una autoridad proclamada, condicionada y regionalmente respaldada, no un gobierno nacional consolidado.

La oposición de Sánchez

Francisco del Rosario Sánchez no aprobó el procedimiento seguido por Mella, aunque reconocía los méritos de Duarte.

La respuesta atribuida a Sánchez resumió su preocupación:

“Los febreristas no debemos dar el triste ejemplo de semejantes exaltaciones tumultuarias”.

Sánchez temía que una proclamación realizada por tropas y habitantes de una región provocara nuevas aclamaciones rivales y destruyera la autoridad provisional de la Junta. Si cada ejército podía escoger un presidente, la República corría el riesgo de dividirse entre mandos regionales.

La objeción no debe reducirse a una rivalidad personal entre los Padres de la Patria. Sánchez se encontraba presidiendo un gobierno provisional atacado simultáneamente por los conservadores, por Santana y ahora por una proclamación que, aun favoreciendo a Duarte, podía interpretarse como desconocimiento de la Junta.

Su advertencia era fundada: el Estado dominicano carecía de una autoridad aceptada por todos y sus principales ejércitos obedecían a jefes diferentes.

No obstante, la posición de la Junta también era contradictoria. Había surgido de un movimiento militar el 9 de junio y dependía de la guarnición de Santo Domingo. Difícilmente podía condenar todo pronunciamiento armado sin cuestionar las circunstancias que habían llevado a los propios trinitarios al poder.

La República todavía no poseía un mecanismo constitucional mediante el cual resolver la competencia por el mando. Tanto la Junta como los partidarios de Duarte afirmaban actuar en defensa de la soberanía popular.

Santiago y Santo Domingo proponen dos poderes

Mientras Duarte era aclamado en el Norte, Pedro Santana consolidaba su autoridad sobre el Ejército del Sur.

El 3 de julio, la Junta intentó sustituirlo en la jefatura militar mediante el envío del coronel Esteban Roca. Los oficiales de Santana rechazaron la orden y ratificaron a su comandante. La fuerza armada que había combatido en Azua dejó claro que no aceptaría ser reorganizada desde Santo Domingo.

Santana marchó entonces hacia la capital. Entró el 12 de julio después de asegurar que lo hacía pacíficamente. Al día siguiente, sus tropas desconocieron la autoridad de la Junta y lo aclamaron como jefe supremo.

En menos de diez días, la República había presenciado dos pronunciamientos militares: el Ejército del Norte respaldaba a Duarte desde Santiago, mientras el Ejército del Sur imponía a Santana en Santo Domingo.

La diferencia decisiva no estuvo únicamente en las ideas o en la legitimidad atribuida a cada uno. Santana ocupó la capital, controló la sede del gobierno y consiguió la obediencia de la guarnición. Duarte y Mella conservaban apoyo en el Cibao, pero carecían de una estructura capaz de extenderlo sobre el resto del país.

La comunicación entre ambas regiones era lenta. Las noticias viajaban a caballo y podían tardar varios días. Cuando en Santiago se intentaba comunicar oficialmente la proclamación de Duarte, Santana ya transformaba la Junta y concentraba el mando nacional.

La comisión enviada por Mella

El 19 de julio, Mella escribió a la Junta lamentando que sus repetidas solicitudes para resolver los problemas del Cibao no hubieran recibido respuesta.

Designó una comisión integrada por el coronel Domingo Mallol y el comandante Juan Luis Franco Bidó. Debían viajar a Santo Domingo para explicar las necesidades de los pueblos del Norte y presentar formalmente la proclamación de Duarte.

La comunicación especificaba las condiciones impuestas al nuevo presidente y expresaba el deseo de que el resto de la República comprendiera las razones del pronunciamiento.

No era todavía una declaración de guerra contra Santo Domingo. Mella esperaba negociar y obtener alguna forma de reconocimiento. La comisión representaba un último intento de convertir la aclamación regional en una solución nacional.

Pero el poder en la capital ya había cambiado. La Junta reorganizada bajo la autoridad de Santana respondió mediante el Manifiesto del 24 de julio. Acusó a Duarte y Mella de promover una presidencia ilegal, agitar a los pueblos y desconocer al gobierno provisional.

La proclama de Santana del 28 de julio utilizó un lenguaje todavía más violento contra Duarte. Lo presentó como ambicioso y anarquista, negó legitimidad a sus actuaciones y justificó la persecución de sus partidarios.

Esos documentos deben leerse como piezas de combate político. Contienen hechos que pueden contrastarse, pero también acusaciones destinadas a destruir la reputación del adversario y legitimar el nuevo gobierno.

El Cibao evita la guerra civil

Mella comprendió que enfrentarse militarmente a Santana podía provocar una guerra entre dominicanos cuando el peligro haitiano no había desaparecido.

Intentó proponer una solución electoral: Duarte y Santana serían candidatos a la Presidencia y Vicepresidencia, y el voto decidiría el orden de los cargos. Santana no aceptó.

Cuando Mella se trasladó a Santo Domingo para negociar, fue apresado el 28 de julio. Su detención dejó a los partidarios de Duarte en el Cibao sin su principal jefe militar.

El gobierno destituyó a Mella como comandante del Departamento de Santiago y desconoció a Duarte como delegado. Francisco Antonio Salcedo, Pedro Ramón de Mena y otros oficiales comenzaron a promover la obediencia a Santana. Bartolo Mejía hizo lo mismo en La Vega.

Algunos habían apoyado inicialmente a Duarte. Otros se habían mantenido indecisos. Finalmente concluyeron que resistir al gobierno de Santo Domingo podía desencadenar una guerra civil que facilitaría otra invasión haitiana.

Esa consideración pesó más que la adhesión personal o ideológica. El Ejército del Norte no marchó contra la capital y Santiago terminó reconociendo el nuevo orden.

La decisión evitó un enfrentamiento inmediato, pero confirmó un desequilibrio que marcaría la historia dominicana: el Cibao poseía población, agricultura comercial y capacidad de movilización, pero carecía de un mando político y militar unificado capaz de competir con el poder concentrado en Santo Domingo.

La caída de Duarte

Después de la prisión de Mella, Duarte quedó cada vez más aislado. Se retiró hacia Puerto Plata, donde todavía contaba con amigos y partidarios.

El 24 de julio, el gobierno de Santana había ordenado desconocer su autoridad. El 22 de agosto, la Junta declaró traidores a Duarte, Sánchez, Mella y otros dirigentes trinitarios, dispuso su expulsión perpetua y amenazó con la pena de muerte si regresaban.

Duarte fue apresado en Puerto Plata el 27 de agosto por Pedro Ramón de Mena. Fue trasladado a Santo Domingo y embarcado hacia Hamburgo el 10 de septiembre.

En poco más de dos meses había pasado de delegado oficial del gobierno a presidente proclamado en el Norte, y de allí a prisionero y desterrado.

La República que había contribuido a fundar lo expulsaba antes de promulgar su primera Constitución.

Lo que significó la proclamación de Santiago

La proclamación de Duarte no fue una elección nacional, pero tampoco puede reducirse a una simple aventura personal de Mella.

Expresó el respaldo que los trinitarios y el proyecto de independencia absoluta habían alcanzado en una parte importante del Cibao. También reveló la preocupación de los pueblos del Norte por la indefinición institucional, la crisis fiscal y las negociaciones de protección extranjera.

El procedimiento tuvo un problema evidente. Al apoyarse en el Ejército del Norte y en aclamaciones locales, abrió la posibilidad de que otras fuerzas hicieran lo mismo. Sánchez comprendió ese peligro, aunque el gobierno que presidía tampoco había surgido de elecciones constitucionales.

Duarte no logró transformar la proclamación en un gobierno efectivo. Los pueblos no actuaron con completa unanimidad, la oficialidad cambió de bando y el temor a la guerra civil impidió organizar una resistencia contra Santana.

Sin embargo, las condiciones impuestas en Santiago —soberanía, Constituyente y saneamiento de la Hacienda— anticipaban los problemas fundamentales que debía resolver el Estado dominicano.

El 6 de marzo, Santiago había proclamado su adhesión a la República. El 30 había defendido esa decisión frente al ejército de Pierrot. El 4 de julio intentó intervenir en la forma que debía adoptar el gobierno nacional.

La primera intervención fue aceptada. La segunda produjo una victoria militar. La tercera fue derrotada por la concentración de poder en Santo Domingo.

La proclamación de Duarte mostró que la Independencia no terminaba con expulsar a las autoridades haitianas. También exigía decidir quién gobernaría, de dónde procedería su legitimidad y cómo se impediría que la República quedara sometida a una potencia extranjera o al mando exclusivo de un jefe militar.

Santiago perdió aquella disputa, pero dejó formulada una pregunta que atravesaría todo el siglo XIX dominicano: si la República debía organizarse mediante instituciones representativas y soberanía nacional, o alrededor de los ejércitos regionales y los hombres capaces de imponer su autoridad por las armas.


Referencias y bibliografía

  • Duarte, Rosa. Apuntes para la historia de la isla de Santo Domingo y para la biografía del general dominicano Juan Pablo Duarte.
  • Espinal Hernández, Edwin. “El proceso independentista en el Cibao: la génesis de 1844”. Clío, núm. 201, Academia Dominicana de la Historia, 2021, pp. 37-92.
  • García, José Gabriel. Compendio de la historia de Santo Domingo.
  • García, José Gabriel y Manuel Arturo García Arévalo. La Independencia dominicana.
  • Junta Central Gubernativa. “Manifiesto del 24 de julio de 1844”.
  • Mella, Ramón Matías. Comunicación a la Junta Central Gubernativa, 19 de julio de 1844.
  • Rodríguez Demorizi, Emilio. Documentos para la historia de la República Dominicana.
  • Rodríguez Demorizi, Emilio, Carlos Larrazábal Blanco y Vetilio Alfau Durán, eds. Archivo de Duarte.
  • Saint-Denys, Eustache de Juchereau. Correspondencia del cónsul de Francia en Santo Domingo, 1844-1846.
Contexto Global, Épocas Históricas, Independencia y Restauración, Latinoamérica y el Caribe Hispano Tags:Cibao, Crónicas De Hispaniola, Ejército Del Norte, Francisco Del Rosario Sánchez, Historia Dominicana, Independencia Nacional, Juan Pablo Duarte, Junta Central Gubernativa, Pedro Santana, Primera República, Protectorado Francés, Ramón Matías Mella, Santiago De Los Caballeros

Navegación de entradas

Previous Post: La Batalla Del 30 De Marzo De 1844: Santiago Defiende La República
Next Post: La Corbeta Cibao: Puerto Plata, Santiago Y La Defensa Naval Del Norte

More Related Articles

La Enfermedad, el Clima y el Desgaste del Ejército Español Durante la Restauración Contexto Global
La Batalla Del 30 De Marzo De 1844: Santiago Defiende La República Contexto Global
La Vivienda Social en la República Dominicana de los Años Cincuenta Épocas Históricas
Armas, Uniformes y Artilleros en Santo Domingo en 1790 Colonia Española
La Defensa de San Miguel Durante la Guerra de 1793-1795 Colonia Española
El Mapa Sanitario de la Guerra: Enfermedades y Mortalidad en las Regiones Dominicanas Colonia Española

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Publicaciones

  • La Corbeta Cibao: Puerto Plata, Santiago Y La Defensa Naval Del Norte
  • Cuando Santiago Proclamó A Duarte Presidente: La Crisis De Julio De 1844
  • La Batalla Del 30 De Marzo De 1844: Santiago Defiende La República
  • Canal Youtube: Conoce Crónicas de Hispaniola
  • Manyaya 1884: La Ocupación Haitiana Que Encendió la Defensa Fronteriza Dominicana

Comentarios

  1. La Marina de Guerra Dominicana en los Primeros Años de la Primera República - Crónicas de Hispaniola en Destrucción de la flota francesa del contraalmirante Leisseigue (22 de enero de 1806)

Copyright © 2026 Crónicas de Hispaniola.

Powered by PressBook Blog WordPress theme